| La Vanguardia Española 13-12-1966 La Alpujarra inicia su resurgir |
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| Sábado, 12 de Septiembre de 2009 00:32 |
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En el diario la Vanguardia, en su edición de 13 de Diciembre de 1966, aparece la siguiente crónica: Granada, 12. (De nuestro corresponsal, Agustín CÁSETE FERNANDEZ,) GRAVE SITUACIÓN La Alpujarra granadina es una comarca que necesita de una atención urgentísima. La que fue «preciada gema del Reino de Boabdil» amenaza con quedarse en zona desierta. El nulo nivel profesional de sus moradores, en un apartamiento de siglos, y la enorme pobreza que nadie jamás se ocupó de redimir, tiva que la convierten en la zona que más emigración registra en toda España. Cualquiera que por primera vez contemple su paisaje, único en el mundo, en una variedad geológica que va desde el Mulhacen, a 3.478 metros de altitud hasta las aguas del Mediterráneo, quizá piense Que, aparte de su gran atractivo no merezca su suelo montañoso invertir en él dinero o esfuerzo humano. Sin embargo, no es así, La Alpujarra posee una tierra de extraordinaria fertilidad, con agua abundante y un clima medio que le permite la más extraordinaria variedad de cultivos Baste, como ejemplo, saber que, en las alturas se dan riquísimos pastos para el ganado, treinta o cuarenta quilómetros más abajo crece la pitera, la caña de azúcar, la piña tropical, el chirimoyo o la chumbera, prodigándose en las zonas aún más bajas toda clase de cereales, hortalizas y legumbres, el naranjo y el limonero.
RAZONES HISTÓRICAS El mal de La Alpujarra hay que buscarlo en su Historia. Derrotados los árabes y expulsados los moriscos, la zona quedó desierta, hasta que, al proceder el rey a su repoblación, acudieron a ella gentes del norte, especialmente gallegos, leoneses y castellanos, acostumbrados al llano, los cuales acomodaron la tierra a sus labores tradicionales, talando árboles de gran rendimiento para proceder a siembras totalmente fuera de lugar. Mal comunicada la zona, donde hasta hace pocos años no había otras vías de comunicación que las sendas de arriero, aunque parezca increíble ha continuado la equivocada planificación agraria de sus antecesores, llegando a ser él rendimiento Sé las tierras tan bajo que obliga a trabajar en ellas hasta a las mujeres y a los niños, sin más fruto que una vida mísera, encerrada entre los agrestes picachos y cumbres. Así, sus gentes buscan solución a sus problemas en la emigración. Poblaciones hay en que sólo quedan los ancianos.
EL MINIFUNDISMO Y para que el problema sea mayor, la Alpujarra en lo que a propiedad y explotación se refiere es de un evidente matiz minifundista, ya que 13.350 de las 23.850 propiedades que existen tienen menos de una hectárea, siendo sólo 7.040 las que cuentan entre una y cinco hectáreas. Por otra parte, dadas las desigualdades que ofrece el terreno, las máquinas difícilmente pueden ser utilizadas en el laboreo, por lo que no es factible en modo alguno la concentración parcelaria.
CONSEJO ECONÓMICO SINDICAL El pasado año, ante este estado de cosas, se reunió en Cádiar el Consejo Económico Sindical, que tomó un importante acuerdo: La creación de una gran cooperativa capaz de cobijar a la totalidad de los agricultores y ganaderos alpujarreños, que suman 14,200 familias, con un total de 71.411 habitantes. Su meta: Una explotación técnica y racional de 131.090 hectáreas, de las cuales 47.000 pertenecen al área forestal, 27.809 a la agricultura y el resto a ++++, pastos y prados.
COOPERATIVA Y PRIMEROS BENEFICIOS La Cooperativa cuenta hoy con unos 2.000 socios, cifra sensiblemente baja en relación al numeró de propietarios y ha trazado una concienzuda planificación Que garantizaría una producción superior a los 4.000 millones de pesetas en una tierra que apenas renta cada año 800 millones El primer beneficio que el agricultor ha recibido ha sido la venta directa de sus productos en el mercado, pero el gran plan en marcha es mucho más ambicioso. La Cooperativa Comarcal de la Alpujarra ha recibido un préstamo de diez millones de pesetas del Fondo de Protección al Trabajo para estudio (en colaboración con el Ministerio de Agricultura) y adaptación de nuevas especies, posibilidades de comercialización, aprovechamiento industrial, etc., pero antes habrá que derribar métodos arcaicos, vencer la natural desconfianza del hombre del campo, dignificar la vivienda rural, acabar con el analfabetismo y especializar a la población laboral, cosa muy difícil en una tierra olvidada durante siglos por todos los Gobiernos desde Felipe II. |




